25 marzo, 2008

Elementos


Extraído de un artículo de Oliver Sacks:
Cuando en la última década del siglo XIX se anunció el descubrimiento en la atmósfera de cinco nuevos elementos, la imaginación pública se excitó tanto que algunos de ellos encontraron un hueco en las novelas de H.G. Wells -el argon era empleado por los marcianos en "The War of the Worlds" y el helio era el ingrediente secreto del combustible antigravitatorio que transportaba a los protagonistas de "The First Men in the Moon".
Hasta 1940 se consideró que los 92 protones que conformaban el uranio suponían el techo de los elementos periódicos, de aquí que cuando Glenn T. Seaborg del Lawrence Berkeley National Laboratory de California fabricó uno de 94 protones se le bautizara como "ultimum", pues era inconcebible un núcleo que pudiera soportar más masa. Puesto que en los siguientes 20 años Seaborg creó hasta nueve elementos nuevos, el ultimum tuvo que rebautizarse como plutonio. En 1998, los pulverizadores de átomos y los aceleradores de partículas permitieron cocinar un isótopo de 114. El reto sigue siendo cómo insuflarles consistencia y tiempo, pues ya el elemento 111, una versión anabolizada del oro, tiene una esperanza de vida de un millonésima de segundo.
De conseguir estabilizarlos, la gran incógnita que se despejará serán los usos prácticos o científicos derivables de estos elementos. Si el germanium, un semi metal descubierto en la década de 1880 acabó siendo crucial en el desarrollo de los transistores, y el neodymium y el samarium facilitaron la producción de imanes de una inusitada potencia, qué no podemos esperar de las generaciones más jóvenes.