08 octubre, 2010

La ironía de los peces


En "The Grand Design" Stephen Hawking y Leonard Mlodinow hablan de una ciudad italiana en la que, hace unos años, prohibieron la venta de peces de colores. El motivo esgrimido por el ayuntamiento fue que era muy cruel la "visión distorsionada de la realidad" a la que se sometía a estos animales encerrándolos en una pecera.


En "Leviatán o la ballena" Philip Hoare ofrece datos escalofriantes sobre el genocidio de estos crustáceos. Por ejemplo, la población de la especie franca austral se ha reducido en un 90% desde el siglo XIX, sólo quedan 8.000 ejemplares. Los japoneses son los principales culpables de la masacre.

Las conclusiones de carácter histórico y cultural que se pueden extraer de estos datos darían para mucho, pero me quedo con una doble ironía:

En Italia, un país sumido en una distorsión salvaje de la realidad a través de su presidente, que ejercita un dominio propio del tamaño de una ballena blanca de 18 metros, encontramos una denuncia de tal práctica a través de la defensa de los derechos de los pececitos.

En Japón, dueño de posiblemente del mejor acuario del planeta en Osaka y por tanto de las peceras más asombrosas que existen, practica el exterminio sistemático de cetáceos.